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jueves, 16 de febrero de 2017

La travesía de JJ

El Emergente
Ignacio Serrano

Ávila (derecha) flanqueado por Oscar Prieto
El nombre de Juan José Ávila esta indisolublemente vinculado al Magallanes, la novena a la que ayudó a engrandecer, haciendo equipo con algunos imprescindibles de nuestra pelota, como Andrés Reiner, John Carrillo y Alfredo Guadarrama.

Aquellos Navegantes venían de sufrir uno de los peores periodos de su historia. Fueron tres años eliminados con pésimo rendimiento, luego del triunfo en la Serie del Caribe de 1979, y 15 temporadas consecutivas sin llegar a una final.

Era como si la brujería de Willie Horton se hubiera vuelto en contra de la nave, por tirar de la borda al legendario manager-jugador, en 1980.

Aquella mala racha terminó cuando Guadarrama y Ávila asumieron la oficina, formando un legendario tándem cuyos resultados aún hoy se notan.

La más brillante generación de magallaneros vino con ellos: Richard Hidalgo, Melvin Mora, Carlos Guillén, Freddy García, Johan Santana, Raúl Chávez, Clemente Álvarez, Juan Francisco Malavé, Luis Raven (descubierto en las catacumbas de los Caribes y Leones), Ramón García, Edgardo Alfonzo y tantos otros astros emergieron en aquella administración.

De entonces data también la mayor seguidilla de presencias consecutivas en la postemporada para los turcos. También las coronas de 1994, 1996, 1997 y 2002, primero con Guadarrama en la presidencia y luego con el propio Ávila.

No sólo se trató de diseñar y llevar a la práctica un proyecto deportivo. Los bucaneros fueron pioneros en reacondicionar su hogar, modernizando dentro de lo posible el vetusto estadio José Bernardo Pérez. También lo fueron en la comercialización de las gorras y camisas de la escuadra. Hoy parece tan obvio, y sin embargo, cuando nada de eso existía en Venezuela, la Boutique del Magallanes se convirtió fue un suceso y un ejemplo a seguir por los demás clubes.

Es imposible desvincular a Ávila del uniforme a rayas azules, del galeón y la M mayúscula. Porque después de aquello, se mantuvo en la órbita de los filibusteros, como consejero y voz de conciliación.

No podía haber, sin embargo, mejor candidato que él para la presidencia de la LVBP. No sólo es un hombre de beisbol a cabalidad, también es un venezolano honesto, sosegado en el análisis, amigo del diálogo y de tender puentes cuando aparecen diferencias.

Su más reciente papel al frente del Salón de la Fama y Museo del Beisbol es otra prueba de su capacidad y amor por el pasatiempo nacional.

Recibe un circuito en constante progreso, que necesita seguir perfeccionando sus Condiciones de Campeonato, su Código de Ética y su Política Antidopaje. Nadie mejor que él para eso.

En estos tiempos duros, los diamantes venezolanos enfrentan retos y complicaciones que han vaciado parcialmente los estadios, han ahuyentado a los buenos umpires extranjeros y a los mejores peloteros importados. Pero es en estos tiempos duros cuando el beisbol más puede decirle al país.

Le llamábamos JJ, antes de que la edad y las canas impusieran el Juan José entre los más jóvenes. Recibe un proyecto cada vez más maduro, un espectáculo que sigue a la vanguardia del Caribe, a pesar de la crisis nacional.

Es el albacea de ese legado y de la posibilidad de convertir a nuestro deporte favorito en un pozo de valores, en medio de la zozobra general.

Nadie mejor que él para intentarlo. Vienen buenos tiempos para la LVBP.

Publicado en El Nacional, el jueves 16 de febrero de 2017.

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