lunes, 28 de noviembre de 2016

“Si mi familia está de acuerdo, seguiré viniendo con La Guaira”

Oswaldo Guillén, el manager de los Tiburones, evalúa su experiencia como piloto en Venezuela. Asegura haber comprobado que es más difícil dirigir en la LVBP que en la MLB, como ya sospechaba, pero igual quiere repetir en el cargo en los próximos años

Por Ignacio Serrano
El Nacional

A Oswaldo Guillén se le ve contento. Tiene un equipo que mezcla juventud con experiencia, bateo con pitcheo. Una escuadra que está bien ubicada en la tabla de posiciones.

No por eso se confía. Bien sabe que la pelota invernal es un carrusel. Pero se le ve a sus anchas. De nuevo tiene el mando de una novena. De nuevo siente el gusto de ver ganar a sus huestes. De nuevo viste el uniforme de sus Tiburones de La Guaira.

Ya cruzó la mitad de su primera temporada como piloto en Venezuela. Ya puede hacer su primer balance.

-¿Se siente cómodo al dirigir en la LVBP?
-Obvio que me sentía más cómodo en las Grandes Ligas, porque uno tiene siempre el mismo equipo. Pero me he sentido muy bien aquí. Primero, por el grupo de muchachos que tengo; no hay divas ni jugadores problemáticos, sino profesionales disciplinados. Segundo, porque tengo un staff de coaches que ha sido de gran ayuda, especialmente Ramón (Hernández). Ya le he cogido el pulso a la liga, pero cuando empiezas a hacerlo, se empiezan a ir los jugadores. La liga se pone más difícil cada semana. Pero lo he disfrutado. Estoy muy feliz de estar aquí. Ha sido bueno fuera de terreno, y dentro de terreno ha sido mucho mejor. Le agradezco a los peloteros, porque han salido a jugar como debe ser.

-¿Qué ha aplicado aquí de lo aprendido allá, en estos casi dos meses?
-Que todo el mundo es indispensable, pero serás reemplazado si te vas. La única diferencia entre uno y otro pelotero está en el 15 y último. Es obvio que conozco más a (José) Castillo que a (Omar) Carrizales, pero para mí todos son iguales. De las Grandes Ligas traje la disciplina, la pasión, el respeto que deben sentir unos por otros. Que si alguien lo hizo mal, otro debe ayudarle, sin críticas. Yo pierdo los juegos y ellos los ganan, así es aquí. Para mí es fundamental la disciplina, la puntualidad. Y jugar duro. Todo eso lo han hecho. Han sido especiales para mí. No sé yo para ellos, porque sé que no los puedo hacer felices a todos. Pero ellos me han hecho feliz a mí.

-¿Ha sido muy diferente a lo que conocía?
-Mucho, ¡oh Dios! Antes un pitcher tiraba siete u ocho innings, ahora tienes que dar gracias a Dios cuando lanzan cuatro o cinco. Antes teníamos muchos más importados. Ahora casi todos los criollos han pasado por las Grandes Ligas. Los cambios de los rosters, la paralela… ha habido muchos cambios positivos. La liga ha mejorado mucho, los estadios son más bellos, nos quedamos en mejores hoteles y viajamos en mejores autobuses. Y el ambiente es más sabroso. Ya no vienen importados grandeligas, pero eso nos permite dar oportunidad a nuestros peloteros.

-Entonces, ¿puede ser más difícil dirigir acá que en la MLB?
-Sí es, claro. En esta liga, ganas cuatro juegos y estás en el primer lugar, pierdes cuatro y estás en el último. La gente que está allá arriba (en las tribunas) te dice de todo. En Grandes Ligas alguien se va de 20-0 y nadie se da cuenta. Acá se va de 8-0 y todo el mundo te lo hace saber. Aquí tienes que ganar, no puedes hacer peloteros. Antes lo sabía, pero ahora lo digo con conciencia: sí es más difícil. Allá tienes el mismo roster siempre, subes o bajas a uno de vez en cuando. Todos tenemos que adaptarnos, pero es mucho más difícil.

-¿Ya está claro que vendrá la próxima temporada?
-En mi casa, gracias a Dios, mandan mi mujer y mis hijos. Mientras ellos estén contentos, voy a estar con los Tiburones de La Guaira. Ahora, si somos campeones más rápidamente, mi mente podría cambiar. Pero mientras no seamos campeones, mi mente está aquí, en ser campeones. Ni siquiera estoy pensando en que algún día me llamen de las Grandes Ligas, no. Estoy enfocado en dar lo mejor a este equipo. Y ahora me gusta un poco más. Cuando llegué, con los problemas que está pasando el país, te pones muchas cosas en la cabeza. Pero ya tengo la respuesta para todo eso. Y además, ya conozco la liga. Nunca tuve miedo a venir, porque mis expectativas eran mucho más altas que las de los fanáticos o los dueños. A lo mejor (el gerente deportivo Jorge) Velandia es el único que tiene las mismas expectativas, porque tenemos la pasión de haber estado con este equipo desde hace mucho tiempo y queremos hacerlo campeón. El único que quiere ganar más que yo es mi hijo Oswaldo. Quedar campeón aquí va a ser una de las mejores cosas que pueda lograr. Pero eso no está en mis manos, está en las manos de los peloteros.

-¿Ve a este equipo con las armas para ganar la final?
-Es difícil decir que sí, porque todas las semanas cambian los peloteros. Ayer, por ejemplo, (Brock) Stassi estaba dando jonrones y hoy ya no está. Lo único que puedo decir es que las ganas están allí. No me imagino qué pasará cuando seamos campeones. Eso sí, si ganamos, no voy a ser manager en la Serie del Caribe. Que dirija Ramón (risas).

-Pero si gana, ¿ya no regresaría?
-Sí vengo, porque no estoy aquí por mercadeo o por relaciones públicas. Si mi familia está de acuerdo, yo vengo. Esto no me va a abrir las puertas de las Grandes Ligas. Hay gente que dice eso, como si yo hubiera venido aquí para que me vieran los scouts. Eso no existe. ¿Sabes a qué le tengo miedo? A que yo esté en Chicago el próximo invierno y sea otro el que esté levantando el trofeo. Eso sí que no lo quiero.

Versión completa de la entrevista publicada en El Nacional, el lunes 28 de noviembre de 2016.

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