sábado, 12 de noviembre de 2016

La plata de Wilson Ramos y Salvador Pérez

El Emergente
Ignacio Serrano

¿Quién se sorprendió con el Bate de Plata de Miguel Cabrera, o con el de José Altuve? Nadie.

Cabrera es uno de los más reputados toleteros en las Grandes Ligas. Siete veces ha recibido el galardón. Tiene una Triple Corona y cuatro títulos de bateo. Cuando los periodistas estadounidenses se refieren a él, hablan de un futuro miembro del Salón de la Fama.

Altuve es una máquina de chocar la pelota. Dos veces ha sido campeón bate, tres veces ha superado los 200 hits y ahora también suma extrabases, luego de una campaña que por poco le convierte en el segundo 30-30 de Venezuela.

Esos dos bates de plata eran esperados. Pero, ¿quién daba por seguros los reconocimientos a Wilson Ramos y Salvador Pérez?

Si estuviéramos en un auditorio atestado de aficionados al beisbol, quizás escucharíamos un silencio general.

Los trofeos que obtuvieron esta semana los dos receptores carabobeños son una merecida proclama de su talento con el madero.

Es también un hecho histórico. En el país de los shortstops, fueron dos catchers los primeros en copar una posición en ambas ligas, en una misma temporada. Sólo faltó el guante de oro de Ramos para que la barrida fuera completa.

¿Justa decisión? ¿Error de los managers y coaches que votaron por ellos?

Acá sabemos del potencial ofensivo de ambos criollos. Sin embargo, salimos a contrastar números, a ver si esta alegría tiene base sólida y buenos razonamientos.

El primer hallazgo es la prueba de lo difícil que resulta la receptoría: apenas ocho caretas acumularon al menos 502 apariciones legales, el mínimo para aspirar al título de bateo.

Ramos compartió con el boricua Yadier Molina el mejor average, con .307 puntos, y tuvo .850 de OPS, superado únicamente por Jonathan Lucroy, quien pasó media campaña en la Nacional y media en la Americana.

Yasmany Grandal sacó 27 pelotas del campo y Lucroy 24. Luego aparecen los dos nativos, con 22 por cabeza.

Grandal no tenía cómo competir, a pesar de sus jonrones, porque bateó para .228 en apenas 457 apariciones. Sobre todo porque Ramos terminó como el indiscutible de su circuito, con 3.5 de WAR ofensivo y 80 empujadas, una cifra que igualó Buster Posey y nadie más.

La segunda mitad de Pérez hacía dudar de su Bate de Plata. El cansancio le pasó factura y sus promedios cayeron, luego de un inicio vigoroso.

El mascota de los Reales de Kansas City fue el mejor en la Americana con 22 vuelacercas y 127 hits, segundo de Stephen Vogt con 28 dobletes y además cerró tercero con 64 empujadas, OPS de .725 y .247 de average.

Ramón Hernández todavía prevalece con el récord de 23 cuadrangulares para un receptor venezolano. Baudilio Díaz sigue siendo la primera gran referencia para sus compatriotas. Víctor Martínez era el único criollo con un Bate de Plata detrás del home. Pero la generación de relevo está bien representada.

Pérez ganó, posiblemente, por ser más completo que sus contrarios y quizás por tener una mejor reputación.

Ramos cristalizó en una cosecha incontestable todo aquello que se decía de él, desde que crecía en las menores de los Mellizos de Minnesota y se decía que por muy poco tenía la fuerza de un Miguel Cabrera y las habilidades de un bateador natural.

No son premios de un día. Posiblemente estemos ante galardonados que en el futuro van a repetir.

Publicado en El Nacional, el sábado 12 de noviembre de 2016.

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