domingo, 30 de octubre de 2016

Jackson Melián: “Aquella final contra Magallanes fue una película”

El prospecto más célebre de Venezuela dijo adiós al beisbol, en paz. Caraqueño, criado en Puerto La Cruz y sin quejas. En la hora de la despedida, que concretó este mes, recuerda a sus padres, como siempre, y sus muchos instantes de alegría

Por Ignacio Serrano
El Nacional

Jackson Melián está descubriendo una nueva vida a los 36 años de edad, tras pasar dos décadas viajando entre ciudad y ciudad, entrenándose todos los días, llamando por teléfono a sus seres queridos.

Hoy despierta en casa, cada mañana. Saluda a su esposa Marielsi y a sus pequeños hijos Liah y Ricardo Jackson. Ya no tiene que preocuparse del lugar que ocupa en el lineup. Todo el tiempo es para él y su familia.

“Por fin estoy disfrutando el poder pasar tiempo con mis hijos”, señala el ex outfielder, padre también de Jasmín (13) y Jenny (10). “Es como si por primera vez tuviera un bebé. Parezco un primerizo”.

Melián, que este mes se retiró del beisbol activo, será para siempre el eterno prospecto de Venezuela; la primera firma millonaria, el sueño de todo un país beisbolero. Con el espíritu en paz, dio un vistazo a sus 20 años de carrera.


-¿Retirarse fue la decisión correcta?
-Creo que sí. No lo creo, sí lo fue. Lo estuve pensando desde el año pasado. Después de la temporada, en la que no jugué mucho, mi esposa salió embarazada. Allí empecé a pensar en que era el momento del retiro, de disfrutar de mi hija pequeña y las que ya están grandes. Eso fue lo que me impulsó.

-¿Cuándo se convirtió en una decisión definitiva?
-En junio. Mi esposa me decía: “¿Estás seguro? Piénsalo bien”. Y cuando le expliqué mis motivos, me dijo: “Ya no te insisto más”. Yo seguía entrenándome y ella me decía que me veía bien. Pero no me estaba retirando por estar mal, sino porque hay cosas que quiero poner como prioridad y disfrutar. En esta carrera, debes renunciar a muchas cosas que nunca más puedes recuperar.

-¿Está en paz con ese paso?
-Sí. No tengo remordimientos. Cuando fui a las prácticas con Caribes me sentí a gusto. Fue un alivio.

-¿Cómo le recibieron, cuando llegó al estadio para practicar?
-Excelente. Me reporté tres días antes de empezar la temporada, directo a un interescuadra. No jugaba desde noviembre y me fui de 2-1. Todos me recibieron bien: los periodistas, el poco público que había y ni se diga los muchachos. Súper bien.

-¿Cómo vivió su último día?
-Me levanté como a las ocho. Tenía un mensaje de mi hermano Jonathan y empecé a llorar cuando lo leí. (Ríe). Ese sólo fue el amanecer. Yo me decía: “Cálmate, cálmate, cálmate”. Empezaron a llegarme los mensajes por Instagram y todos me pegaban. Con cada comentario empezaba a llorar. (Ríe de nuevo). Por fin me calmé y fui al estadio. Llegué chévere. Cuando fuimos a estirar los músculos, Omar López dio unas palabras, como manager del equipo, y empezó a decir puras cosas buenas de mí. Allí empecé a llorar otra vez. Hernán Iribarren dijo que yo iba a pronunciar unas palabras y sentí un nudo en la garganta. Les dije: “Hablo después, ahora no puedo”. Después de la práctica, empecé a leer más mensajes y de nuevo, a llorar. Tomás Pérez se acercó a hablar conmigo, y a llorar otra vez. (Entre carcajadas). Una sola lloradera. Durante el acto y la entrevista por DirecTV guapeé, hasta que me preguntaron a quién le agradecía. Hasta allí aguanté. Y durante el juego, todo el tiempo tuve mi lagrimita. (Ríe).

-Y no sólo dio un hit. Ese hit fue un triple en su último turno.
-Y para darle la ventaja a mi equipo. Salí corriendo como un novatico, buscando la otra base. Quería más, más, más. Crucé por primera y me dije: “Voy para tercera, así sea gateando y me pongan out”. Cuando llegué, Omar me empezó a llamar. Le dije: “No me saques, no todavía”. Pero él me dijo: “Vente”. Y todo el camino de tercera al dugout lo hice llorando. (Vuelve a reír).

-¿Estaban todos en el estadio?
-Estaban mi hermano, mi esposa, que recién había dado a luz. La cuñada de mi esposa y mi hija pequeña. Mis hijas mayores no pudieron venir, pero una de ellas me mandó un mensaje grabado en la pizarra, entre los videos que pusieron de Carlos Ríos, Carlos García, Juan Rivera y tantos más.

-¿Guardó ese video?
-Me lo van a dar. Y tengo grabado el juego.

-¿Guardó muchos juegos grabados?
-Ese es el único. Y algunos batazos que me han grabado.

-Imagino que está la tabla que dio en la final entre Caracas y Magallanes.
-Lo veo en YouTube cada cierto tiempo. Ese batazo es inolvidable. En esa final todo fue como de película. Estábamos perdiendo, en el autobús se sentía la tensión, todo el mundo iba callado. Llegamos al estadio y ganamos. Rezamos, nos animamos, perdimos, ganamos. Fue como una película. Tengo las imágenes grabadas en mí. Esa final es uno de los mejores momentos de mi carrera.

-Jugó con siete equipos, incluyendo la Serie del Caribe. ¿Conserva sentimientos especiales por alguno?
-Todos los equipos son especiales, todos me enseñaron algo. Siempre di el ciento por ciento con cada organización, jugué con la misma intensidad, para lograr el campeonato. Pero creo que con Caribes y Caracas me destaqué más, y jugué más tiempo.

-¿Le disgustó ser cambiado tantas veces en su carrera?
-Es difícil. Me hubiese gustado jugar en uno o dos equipos, solamente, pero eso no lo controlas. Es un negocio, y me tocó a mí. A veces desconcertó, porque nunca tuve estabilidad. Y tienes que empezar de cero otra vez.

-¿Cuál es su recuerdo más lejano del beisbol?
-Me acuerdo de mi papá viendo los juegos. Era fanático de Antonio Armas. Una vez fuimos a un juego de Caribes, aquí, en Puerto La Cruz. Armas estaba en el año de su retiro. Yo quería una pelota, como todo niño, y no la pude tener. Cuando nos estábamos yendo, íbamos saliendo al estacionamiento y cayó un foul a mi lado. Golpeó en una camioneta, agarré mi pelota y nos fuimos.

-¿Todavía la conserva?
-Esa pelota no duró ni un mes. (Ríe). Jugamos con ella, después la enteipamos y finalmente se perdió.

-¿Conoció a Armas, antes de ser pelotero profesional?
-En Puerto Píritu. Estaba en el estadio, firmando autógrafos. Yo siempre le echo broma, diciéndole que fui a saludarlo y no me dio mi autógrafo. Es mentira, pero él se siente. “Discúlpame, paisano”, me dice. Recuerdo que también pasamos frente de su casa, y la emoción que yo sentí.

-¿Fue su jugador favorito?
-Siempre fue mi ídolo. Yo usaba el 20 desde que tenía 8 años de edad. Cuando firmé, agarré el 16, porque habían retirado el 20 de Armas. Luego usé el 33. Y con el Caracas tomé el 30, por Magglio Ordóñez, a quien también admiré.

-¿A qué edad se decidió por el beisbol y no por la natación?
-Iba a ver a a mi hermano practicar con Caribes. Me gustaba mucho la natación y muchísimo el beisbol. Mi papá me decía que no podía hacer las dos cosas. “Te estás desgastando”, decía. Era verdad. Salía del liceo, iba al estadio de 12 y media a 2, luego para la casa, almorzaba, descansaba y me iba a la natación de 6 a 8. Era fuerte.

-¿Cuál fue su mejor competencia?
-Fui  a dos Centroamericanos y de Caribe, y a un Suramericano. Estuve en la Selección Nacional y rompí un record nacional en 50 metros libre, con 25’92 en infantil. Fue récord CAC y récord nacional. Fue en La Habana. Tengo ese video.

-¿Cuánto le ayudó haber hecho natación?
-Muchísimo, es un deporte muy completo. Ayudó a que mi cuerpo se desarrollara mejor, a trabajar los músculos, a tener más elasticidad, fortalecer la espalda. No hacía pesas, pero la natación compensaba eso. Mi última competencia fue a los 15 años, creo que unos Juegos Nacionales. Ya estaba entrenándome para firmar. Ni entrenaba natación. Casi fui como despedida.

-¿Cómo ve hoy, 20 años después, aquella firma con los Yanquis de Nueva York, las primeras planas y todo el revuelo?
-Siempre lo he visto igual. Mi meta era jugar y llegar a las Grandes Ligas. Ese dinero nunca me sacó de concentración. No se me subieron los humos. Yo tenía una sola meta. Recordando todo lo que pasé, lo veo igual, sin ningún remordimiento. No cambiaría nada, dejaría todo tal cual como pasó.

-¿Qué le faltó para completar ese sueño en las Grandes Ligas?
-Unos nacemos con más suerte que otros. Di lo más que pude, siempre entrené fuerte, estaba temprano en el estadio, jugaba duro. Pero si no fue por una lesión, no se me presentaba la oportunidad, aunque estuve tres años en el roster y nunca tuve el chance de subir. Quizás con un poquito más de suerte… o quizás no. Pero no tengo remordimientos, di el máximo, estoy tranquilo. No me siento incompleto, de verdad que no. Si no hubiese dado el máximo de mí, tal vez. Pero hice todo lo que podía hacer para llegar.

-El público siempre le dio un trato especial. ¿Lo sentía así?
-Claro. Siempre lo he dicho. Por eso me daba tanto a ellos, porque sentía el cariño. Lo menos que podía hacer era tener un gesto para la gente que se me acercaba.

-¿Cuánto impactó en su carrera el accidente de sus padres, y que ya no estuvieran físicamente con ustedes?
-No voy a decir que no, porque he tratado de ser el hombre de hierro por muchos años y no sirve de nada. Hasta el sol de hoy, cuando hablo de ellos con mi hermano, lloro al recordarlos. Cualquier situación, cualquier pregunta sobre ellos me pega. Hay cosas que nunca se olvidan, y más cuando son cosas que pasan cuando no tenían que pasar. Me pegó muchísimo. Hay momentos, partes de mi carrera que no recuerdo para nada. No sé si fue un sistema de defensa que mi mente generó, que bloqueó esas cosas para protegerme, pero hay cosas que no me acuerdo. Eran muchos sentimientos y trataba de apartarlos. Mi papá y mi mamá siempre estuvieron conmigo en todos los momentos. Cuando mi mamá estaba conmigo en Cuba, en los Centroamericanos, mi papá estaba con mi hermano en Dominicana, porque había firmado con los Marineros. El apoyo de los dos fue fundamental. Desde que jugaba en Criollitos. De niño, ver a mi papá llegar a la tribuna era como ver el sol amaneciendo. Yo tenía 18 años de edad y estaba en mi segundo año en las menores. El señor Pablo Ruggieri les había dado dos asientos específicos cuando yo jugaba con Caribes y creo que esa fue una de las razones por las que me cambió de equipo: para que no me pegara tanto; cada vez que yo volteaba a esa zona de la tribuna, me acordaba de ellos.

-¿Su papá era muy fanático de la pelota?
-Fanático del Caracas. (Ríe). Una vez tumbó un escritorio en la casa, cuando Caracas quedó campeón. Estábamos viendo el juego y él pegó un brinco con el último out. Cayó sobre el escritorio, tumbó la biblioteca, los libros, todo. (Ríe otra vez). Mi mamá lo veía con una carota, toda brava.

-¿Y usted también era caraquista?
-También. Claro, porque seguía a Antonio Armas.

-¿Fue especial que luego fuera su instructor de bateo?
-Fue lo mejor. Todavía lo veo a veces, en la academia.

-¿Sigue haciendo swing, aprovechando su academia?
-Después de este último juego, no. Sólo doy mis fongos.

-¿Cómo le va en esa fase de su vida?
-La academia tiene 17 años. Comenzó con mi hermano y con Carlos Ríos, y soy parte desde hace dos años. Chévere, aunque es otra cosa. Me queda cerca de la casa. Hablo bastante con los muchachos, creo que eso es muy importante. Cuando firmé, me hubiese gustado saber de las cosas que me iba a encontrar.

-¿Quién era mejor jugando en las caimaneras? ¿Jonathan o usted?
-Es que él era pitcher. Bueno, yo. Yo. (Ríe). Cuando era chiquito, no me dejaban jugar. Y yo era peleón. Me llevaba la pelota, el bate y el guante. Era casi 10 años menor. Entonces me decían: “Está bien, pero no puedes llorar si te dan pelotazo”. Así que yo, cuando me lo daban, me revolcaba en el piso, pero no lloraba. (Ríe otra vez).

-¿Guarda muchos objetos de su carrera?
-No. Siempre se los regalaba a los muchachos que los necesitaban. Nunca pensé en coleccionarlos. Me quedé con dos guantes, incluyendo uno que me regaló Magglio, además de dos bates y algunas pelotas, como la del primer Grand Slam que di en el profesional y la de mi primer jonrón acá.

-¿Y los uniformes de los siete equipos con los que jugó?
-Solo tengo las camisetas del Caracas, Caribes y la de los Tigres en la Serie del Caribe de 2009. Ese fue mi primer anillo; me dieron el uniforme y el anillo.

-¿Cuándo sintieron que iban a ganarle la final de 2010 al Magallanes? ¿Con el batazo de Grégor Blanco o con el suyo?
-Con el de Grégor. Fue como un clic que nos hizo a todos. Yo me pasé todo el juego de arriba a abajo, diciendo que yo era el que iba a dar el batazo. Le pedí al manager que me dejara batear y me respondió: “Tranquilo, que tu momento va a llegar”. Hasta que me metieron y di el batazo.

-Al menos esa foto sí la debe tener guardada, ¿no? ¿No mandó a hacer un afiche?
-No tengo foto ni tengo afiche. Mi abuela tiene un calendario de ese campeonato, que hice con las fotos de todos nosotros y algunas mías. Pero yo no tengo nada.

-¿Está contento con su carrera?
-Sí, bastante. Estoy satisfecho. Sin ningún remordimiento.


El dato:
Jackson Melián firmó por 1,6 millones de dólares en 1996, con los Yanquis de Nueva York. Fue el primer prospecto millonario de Venezuela. Llegó hasta Triple A y disputó 20 temporadas en la LVBP. Se retiró el pasado 8 de octubre

Publicado en El Nacional, el domingo 30 de octubre de 2016, en una versión más corta que esta. Esta es la transcripción de la conversación completa.

3 comentarios:

  1. Ignacio.... Jackson tambien quedo campeon con Caribes en la 2014-2015, no todo es Caracas por Dioss.!

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  2. Jacson pudiste a ver jugado hasta los cuarentas facil

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