martes, 25 de octubre de 2016

¿Es Eleardo Cabrera el futuro de los jardineros criollos?

El Utility
Gerardo Boscán Villasmil

Foto Eddy Pacheco
Eleardo Cabrera comenzó a todo tren su primera temporada en el beisbol profesional venezolano.

Desde los entrenamientos de las Águilas del Zulia su nombre retumbó en las redes sociales gracias los miembros del equipo y periodistas que cubrieron las prácticas.

Su inicio con los rapaces, ya dentro del calendario, no dejó mal todos aquellos argumentos que lo colocaron, desde el primer día, en un candidato para el premio al Novato del Año de la Lvbp. Lo hizo con extraordinaria defensa y resaltantes conexiones.

“Nunca pasó por mi mente tener un arranque así como el que he tenido”, confesó Cabrera, un jovencito de apenas 20 años, de Guarenas, que con una sonrisa escucha y responde cada interrogante.

Su nerviosismo es normal. Cuando se tiene su edad estás en los primeros contactos con los medios. Pero con él, es una muestra un poco más de inocencia, de estímulo, de humildad entre lo que ha logrado y lo que las noticias, compañeros y aficionados le hacen ver que podría tener en un futuro.

“Nunca pensé que podría jugar todos los días. Eso es algo que agradezco al manager y al cuerpo técnico por darme la oportunidad de estar aquí”, contesta, con un respiro de alivio.

Para jugar en la pelota criolla, sin dudas, hay que tener talento. Pero no solo basta con tener las cinco herramientas que se tienen como cartilla para evaluar a un pelotero. Hay una más: el sentido de la oportunidad y aprovechar cada uno de esos momentos para ayudar a tu equipo a obtener victorias. Ajustes bastantes drásticos, en comparación con las ligas de instrucción o menores.
 
“El ajuste más importante ha sido escuchar”, respondió. “Gracias a Dios, tengo compañeros y técnicos que me han ayudado a decirme cómo es la liga y, gracias a esos consejos, me he adaptado”.

Actualmente, los jardines zulianos cuentan con mucha juventud. Una que vio en algún momento a los hermanos Zambrano (Roberto, Eduardo y José Luis) cubrir las praderas del Luis Aparicio “El Grande”. Más adelante, vio a Carlos González despegar y, literalmente, volar para atrapar una bola. También ver los poderosos misiles que lanzó Gerardo Parra para sacar a un corredor abusivo que deseara tomar una base extra. Y por último, vio la velocidad y chispa de Ender Inciarte, con la viveza para confundir a los rivales con una atrapada o lance, sumando un poco de lo que sus predecesores tuvieron antes.

Este año, la gerencia que comandan Luis Amaro y César Suárez Jr., se unieron para sumar a Herlis Rodríguez, recientemente a Anthony Jiménez y colocar de vez en cuando a Bryant Flete. Pero tiene aún más la fortuna de tener todos los días a un veterano de mil batallas, otro zuliano, Alex Romero.

"Es el que más me ha hablado, sin dudas”, dice muerto risa, tal vez recordando las conversaciones con el actual campeón bate de la pelota nacional. “Es una gran persona. Siempre me dice que me quede tranquilo, que la juegue (la pelota) como la sé jugar. Que las ansias no se me noten, sino siempre calmado”, rememoró con uno de los tips más importantes.

“Es algo sumamente gratificante e increíble. No puedo decir con palabras lo que hoy siento, porque uno de chamito los veía por televisión y ahora los tienes todos los días cerca de ti, conversando y diciendo cómo deben ser las cosas. Realmente es importante para nosotros. Estoy  contentísimo con eso”.

En poco tiempo ha disfrutado de los paraísos ofensivos que tiene nuestro circuito. Jugó en Puerto La Cruz, Caracas y Valencia. En la segunda gira en Maracay y Barquisimeto. También debió luchar con los sinsabores que le dio el llamado “Nido rapaz”.

“Me afectó un poquito, es parte del béisbol, y eso debo aprenderlo”, reconoció, pero a la vez se desahogó. “Pero sí, el Luis Aparicio, realmente, es difícil para batear”, soltó con una carcajada, a pesar de haber sorteado tres imparables en 10 turnos.

Verlo durante las prácticas es una experiencia distinta a cuando cantan playball.

“Adentro y fuera del campo soy dos personas distintas. En el campo, me convierto en un jugador, quiero hacerlo todo agresivo, afuera soy sumamente tranquilo”.

Cabrera espera que todo lo que este año ha comenzado a cosechar lo ayude en un futuro a emular acciones como la de su ídolo.

“El mío era, es, Bob Abreu”, dice observando el bosque derecho, ese que hoy defiende con el color naranja y que cubrió un ícono como el "Comedulce", quien en su última aparición en postemporada en Maracaibo sepultó las esperanzas zulianas con un tiro a Henry Blanco en la goma para sacar a Luis Ugueto y terminar un épico encuentro de enero, ante batazo de un ídolo de la zulianidad, José Pirela.

“Yo recuerdo eso, es que es tremendo pelotero. Me encanta su manera de jugar. Ya vendrá la forma de conocerlo”, sueña el capitalino.

En estos días”, conversó, “mi familia me comentó el lugar donde estoy jugando. Donde hoy cubro, estuvieron personas importantes. Y en estos días que estuve al campo fue que me di cuenta: ‘Oye, sí, aquí estuvieron todas esas personas, incluyendo a mi ídolo’, expresa con una sonrisa aún más grande y un brillo especial en sus ojos.

Por los momentos, una de las cosas que más desea es poder compartir al campo con “El Águila Negra”.

"Espero poder jugar con Pirela, es una tremenda persona. Te habla, conversa, echa broma, pero te mantiene siempre ‘vivo’ en lo que debes tener al campo. Ya sé por qué lo quieren tanto”.

Su oportunidad, tal vez, no sea tan extensa. Tiene permiso de las Rayas de Tampa Bay para jugar hasta el mes de noviembre. “Ojalá tenga un permiso hasta diciembre”, dice esperanzado.

“Me mandaron a  tratar de robar más bases y tocar la bola”, dice Cabrera, firmado como jardinero derecho y formado en Villanueva, en la academia que en algún momento fue de Jorge Cortés y Rubén Mijares y hoy es de Yorvit Torrealba.

Por ahora, sólo tiene una meta: “Espero que el equipo gane y (y yo) dar los batazos oportunos, porque debo mejorar esa parte del juego”.

El Dato:
Eleardo Cabrera remolcó seis carreras en sus primeros cuatro juegos con las Águilas del Zulia. En los Estados Unidos, en su tercer año en la liga Rookie con Tampa Bay, bateó para .311 con 74 imparables en 60 juegos. Sumó 36 remolcadas y robó ocho bases en 12 intentos

Gerardo Boscán Villasmil 
@GerardoBoscan

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