lunes, 17 de octubre de 2016

Cuida a tus hijos: más no siempre es mejor

Camino a las Grandes Ligas
Por Rhay Kepler 

Que lance la primera piedra quien no ha pecado en la mesa con algún bocado extra que termina en lamentaciones estomacales. Esa vez comiste de más.

Que levante la mano quien en la escuela quiso hacer todo el trabajo del equipo y las cosas no le salieron como esperaba. Esa vez trabajaste de más.

¿Quién en su cumpleaños o en las fiestas decembrinas no se paró con dolor de cabeza por haber disfrutado un fiestón? Porque bebiste de más.

Incluso en los ejercicios físicos con peloteros me ha pasado que he exigido una repetición más, un sprint más, y no me ha ido bien. Exigí de más.

Por eso esta reflexión.

¿Qué padre no se va con su hijo a un parque a lanzar pelotas, a que pitche, batee, corra y juegue? Que vaya y que venga, y entre juegos el padre le exige un poco más al niño, y la emoción abriga el momento, y de repente surge un bendito dolor.

El famoso equilibrio que separa lo justo y necesario del exceso no es como la línea de cal en el terreno, que define qué pelota está o no en juego. Incluso con la línea en el terreno se acude a las cámaras, para verificar lo que en teoría un umpire debe interpretar a simple vista.

En semejanza con el umpire, el preparador físico debe acudir a los libros, a la ciencia y tecnología, pero, sobre todo, acudir al mismo niño que entrena, pues él, en carne viva, le puede decir si puede continuar o no, si da una repetición más o no, si se siente bien o se siente mal, si está cansado o conserva energías, si da un extra o no puede darlo. Tu experiencia, con el tiempo, te dirá si él miente o si dice la verdad.

Padres, entrenadores y demás personas ligadas al beisbol, recuerden esto: no siempre más es mejor.

El cuerpo del niño se fortalece en un proceso continuo, planificado y orientado. La mente del niño se fortalece de forma progresiva cuando lo sometes al estrés controlado de enfrentar situaciones alcanzables con esfuerzo.

La capacidad de dar voluntariamente un extra es diferente a la exigida por una fuerza externa. Además, las respuestas corporales a esta entrega son diferentes en niños que en adultos.

Sí, el cuerpo es adaptable, pero si lo llevas a la fuerza, él mismo se rebelará, y responderá en la misma intensidad que le diste, pero en sentido contrario. Y lamentablemente las consecuencias las paga el niño, no su entrenador o sus padres. Es por ello que debe existir una autoevaluación y coevaluación de los procesos de entrenamiento deportivo con niños, bajo la tutela de profesionales para facilitar el camino que va de los análisis emocionales a los científicos, con bajas consecuencias conflictivas. 

Si estás en la final con tu mejor pitcher, ¿por qué darle un lanzamiento más si le duele el brazo?

Si tienes a tu mejor corredor en base, ¿por qué mandarle a robar, si le duele la pierna?

Si están trotando y uno de ellos no puede más, ¿por qué exigirle que termine, aun cuando la calidad del trabajo no exista?

Si ya no puede con el bate, ¿para qué exigirle que siga entrenando el bateo?

Analicemos un poco estas situaciones: ¿vale más el juego o el campeonato?

Puede ser que el niño no quiera entrenar, es cierto. Pero también puede ser que el entrenador haya planificado de más. Y como el beisbol es un deporte de equipo, erróneamente se asume que todos pueden hacer el entrenamiento igual, bajo las mismas exigencias.

Evalúa primero si tu hijo es feliz jugando beisbol. Quizás ahí está tú respuesta.

Finalmente quiero hacer una analogía de una famosa frase, que es muy usada, pero poco respetada en los diferentes ámbitos sociales que nos envuelven, tanto familiar, como deportivo, económico, religioso o político: “Cada cabeza es un mundo”. Y así, cada cuerpo es un mundo.

Las posibles fortalezas físicas que tenga tu hijo no son las mismas de su hermano, mucho menos de su compañero de equipo. Habrá similitudes en muchos casos, puede haber cualidades semejantes, pero otras que sean diferentes.

Esas diferencias son las que debemos atender como entrenadores, las que debemos respetar como padres.

Habrá niños que empiezan en resistencia 5 y otros que empiezan en 2. Es genético. ¿Cómo ayudo al de 2 para que llegue a 5? ¿Cómo entreno al de 5 para que siga subiendo? Eso es lo que debe plantearse.

Apoya a tu hijo, déjalo jugar lo que le guste. Ahí dará lo mejor de sí mismo, sin exigencias extras.

Al igual que en el colegio, llévalo grado a grado, nivel a nivel, poco a poco.

No siempre más es mejor. ¡Un abrazo!

Rhay Kepler es preparador físico especializado en beisbol y experiencia con equipos de la LVBP. Cada semana desarrollará un nuevo tema en este sitio. Pero también puedes seguir su trabajo visitando sus plataformas en la red.

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