sábado, 1 de octubre de 2016

Carlos Daniel Cárdenas

El Emergente
Ignacio Serrano

Un acto de amor hizo que nuestro pasatiempo nacional tuviera un templo en Valencia y dispusiera de una maravillosa bibliografía que ya quisieran otros países del Caribe.

Carlos Daniel Cárdenas Lares fue un niño soñador, como todo niño. Amó el beisbol, como probablemente amó la vida. Quienes le conocieron, lloraron su temprana despedida. No es justo nacer con una sentencia. No es justo tener que irse tan pronto.

Sus padres hicieron lo posible por permitirle cumplir sus metas. El Cielo les concedió ese consuelo: tener los medios para hacer que algunos de sus sueños se hicieran realidad. El niño llegó a adolescente, allá por los años 90, y antes de irse, se había convertido en la inspiración de una obra maravillosa.

Por ese amor se escribió Venezolanos en las Grandes Ligas, formidable documento que necesita una edición actualizada, para recoger la historia, el esfuerzo y recorrido de los bigleaguers que llegaron después de 1993.

Por ese amor se hizo inmortal Tarzán Olivo, el legendario umpire cuya biografía escribió.

Por ese amor apareció Leones del Caracas, crónica de una tradición y también Venezolanos en el ring.

Una miríada de publicaciones surgió de aquel Fondo Editorial Cárdenas Lares, que nos dotó de libros, testimonios y maravillosas aventuras periodísticas, como Beisbol a Fondo, aquel semanario que circuló encartado en El Nacional, inspirado en el desaparecido Baseball Weekly de USA Today.

De ese acto de amor, de ese conmovedor gesto con que los padres quisieron dar ternura a los difíciles días de Carlos Daniel, salió una vigorosa generación de cronistas que ha nutrido nuestro deporte en el papel y las ondas hertzianas: Giner García, Daniel Chapela, Iván Medina, Edgardo Broner, Luis Enrique Sequera, Adolfo Salgueiro, Sergio Machado, Emil Bracho, Richard Gómez, Edder Díaz, Iván González Romero, Alexander Mendoza y otros que probablemente se nos escapan en tan fugaz ejercicio de memoria.

Nunca ha tenido la historia de nuestro deporte mayor y mejor difusión que en ese tiempo. Y del dolor de una despedida injusta nació su último sueño, el Museo y Salón de la Fama del Beisbol en Venezuela.

No pudo verlo. Carlos Daniel murió el 1° de marzo de 1993. El 20 de ese mes iba a cumplir 19 años de edad. Hay golpes en la vida que resulta difícil descifrar y aceptar.

Diez años después del adiós, nuestro Salón de la Fama abrió sus puertas a la primera promoción de leyendas. Gracias a aquel nuevo acto de amor de Daniel e Hilda, los aficionados y amantes de la pelota tenemos para nuestro gozo un templo hermoso, un lugar de disfrute, un sitio para repasar la historia de los diamantes en el país, sus héroes y memorias.

En ese lugar de paz, que todo amante del beisbol debe visitar, había un busto de Carlos Daniel que antecedía el ascenso al pabellón de los inmortales. Era justicia darle también un espacio junto a aquellos con los que soñó y en quienes se inspiró.

Un gesto de amor hizo que aquel niño pudiera disfrutar de su pasión deportiva y su vocación de cronista. La vida no le permitió ver lo que vendría después de 1993 y el boom que nos ha llenado de súper estrellas en las Grandes Ligas.

Era justicia que nuestra pelota le retribuyera con este otro acto, merecido y amoroso, que le da desde ahora y para siempre un lugar privilegiado en nuestro Salón de la Fama del Beisbol.

Publicado en El Nacional, el sábado 1° de octubre de 2016.

8 comentarios:

  1. Ese chamito es el mejor (y mayor) ejemplo de lo que siente un verdadero fanático al béisbol! Alguien que puede seguir un equipo hiendo o no a un estadio, pero manieve la ilusión de ver a su equipo ganar! Y vive cada jugada, cada partido como una fiesta/evento único pero cotidiano y fantástico a la vez! Dios te bendiga Carlos Daniel, solo te conocí por referencia esos años! Pero demostraste un amor hacia nuesta pasion (pasatiempo nacional)

    ResponderEliminar
  2. Ese chamito es el mejor (y mayor) ejemplo de lo que siente un verdadero fanático al béisbol! Alguien que puede seguir un equipo hiendo o no a un estadio, pero manieve la ilusión de ver a su equipo ganar! Y vive cada jugada, cada partido como una fiesta/evento único pero cotidiano y fantástico a la vez! Dios te bendiga Carlos Daniel, solo te conocí por referencia esos años! Pero demostraste un amor hacia nuesta pasion (pasatiempo nacional)

    ResponderEliminar
  3. Estimado amigo Ignacio,
    Soy lector asiduo de El Nacional desde hace mucho tiempo, y regularmente veo primero las páginas deportivas y posteriormente leo las noticias nacionales e internacionales.
    En este sentido, deseo mencionarle que leo su columna con bastante frecuencia, ya que es amena y de muy fácil lectura y siempre se refiere a temas deportivos de gran actualidad.

    En esta oportunidad quiero referirme específicamente a su reportaje sobre mi sobrino Carlos Daniel Cárdenas Lares:
    Debo reconocer que, como sus otras columnas, ésta se deja leer muy fácilmente; pero en esta ocasión deseo recalcar que lo que usted describe es rigurosamente cierto; desconozco la relación personal que usted pudo haber tenido con Carlos Daniel, pero su narración y sus descripciones se apegan estrictamente a la realidad, todo el grupo de jóvenes futuros periodistas citados efectivamente formó parte del equipo de Carlos Daniel. Anecdóticamente puedo mencionarle que debido a circunstancias del momento, el primero de ese grupo fue Giner García, y el contacto inicial fue conmigo. Coincido plenamente con usted en que es una realidad contundente que la literatura deportiva en Venezuela y principalmente la del béisbol tiene dos etapas: antes y después de Carlos Daniel.
    Finalmente quisiera reconocer que si bien, por el gran amor de sus padres hacia él han hecho "lo posible por permitirle cumplir sus metas", en esta oportunidad usted ha escrito una columna en la que demuestra haberlo hecho con gran amor, pues no pude contener las lágrimas al estar leyendo los últimos párrafos.
    Reciba un cordial saludo,
    Eloy Lares Monserratte

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo felicito de ser familia de ese hombre (no muchacho) Inmortal, saludos y un abrazo

      Eliminar
    2. Lo felicito de ser familia de ese hombre (no muchacho) Inmortal, saludos y un abrazo

      Eliminar
  4. Amigo Ignasio, artículos tan buenos como este, son los que han logrado que llegue a sentir una gran admiración por su forma de hacer periodismo deportivo... enohabuena mi pana. Y que sigan los exiros

    ResponderEliminar
  5. La obra de Carlos Daniel "Venezolanos en las Grandes Ligas" es la referencia mas importante que se tiene sobre los aportes que ha dado el béisbol venezolano a las ligas mayores. Lastimosamente, por la lamentable partida temprana de Carlos, quedó truncada en 1993, pero por la importancia histórica que representa para el béisbol, no solo en Venezuela sino en todo el mundo donde se practica este deporte, sería interesante que, alguien de los tantos compatriotas conocedores en profundidad del tema que tenemos en el país, se animara a iniciar la continuación de esta obra y que esta historia pueda trascender de generaciones en generaciones eternamente, Sería un gran homenaje a la memoria del ilustre venezolano que fue Carlos Daniel Cárdenas Lares.

    ResponderEliminar
  6. Estimado Ignacio:

    Este artículo sobre mi ahijado y sobrino, te estamos agradecidos por haber descrito con pocas palabras sobre su trayectoria en lo que a literatura deportiva le dedicó y que marcó un antes y un después, y en especial del beisbol, lo que logró en la intensidad de sus últimos 5 años de vida, que por los haceres de la vida pasan, y a él le tocó vivir lo que a muchos se le va en toda una vida. Todo esto gracias a sus padres Hilda y Daniel.

    ResponderEliminar