domingo, 17 de julio de 2016

¿A dónde va Boston con Dave Dombrowski?

El Emergente
Ignacio Serrano

Dave Dombrowski es un gerente con pasado exitoso, buena reputación y sangre fría al realizar cambios, como esos con San Diego, a donde envió a varios prospectos, incluyendo a los venezolanos Anderson Espinoza y Carlos Asuaje.

No son los modos que conocían en Boston desde los tiempos de Theo Epstein, el ejecutivo más célebre que haya pasado por los Medias Rojas, el enterrador de la Maldición de Babe Ruth.

Epstein es un entusiasta del nuevo análisis. Un hijo de la sabermetría.

Dombrowski es más bien un tradicionalista. Un inteligente timonel de viejo cuño.

Era un joven treintañero, Epstein, cuando asumió las riendas. Tomó el control de manos de Dan Duquette, otro de la antigua escuela que no completó la meta.

Llegó con grandes expectativas. Los propietarios de la divisa de Nueva Inglaterra tentaron a Billy Beane para que dejara Oakland y casi lo consiguen. Cuando los Atléticos le ofrecieron acciones a Beane, a fin de mantenerlo a bordo, éste recomendó a los bostonianos que contrataran a Epstein.

Éxito total. El joven trajo aire fresco al Fenway Park y acabó con varios mitos. Por ejemplo, que no basta tener dinero, sino saber invertirlo.

Parece una perogrullada, pero sobran los casos de escuadras que salen al mercado a hacer inversiones millonarias que resultan en fracasos.

La sabermetría va más allá de unas fórmulas que algunos consideran complicadas. Epstein, en efecto desarrolló sus propias fórmulas de evaluación, que resultaron clamorosamente efectivas, y ha seguido aplicándolas con los Cachorros. Pero al final, la sabermetría es simple sentido común con otro punto de vista.

Ben Cherington no fue tan buen alumno y fracasó, al irse a Chicago su mentor. Fue entonces cuando los propietarios de los Medias Rojas dieron un giro sorpresivo, contratando a Dombrowski apenas éste salió de Detroit.

Sus primeros actos fueron típicos. Grandes firmas y grandes cambios. Así hizo con los Marlins, al llevarlos a la corona en 1997, y así trató con los Tigres.

David Price se convirtió en el as. Craig Kimbrel pasó a ser el cerrador. No dudó en sentar a Pablo Sandoval, cuya adquisición parece hoy un error de Cherington. Y entregó a su mejor prospecto de pitcheo, Espinoza, para sumar a Drew Pomeranz, ahora el número dos de la rotación.

El objetivo es claro: ganar ya. El costo será altísimo, si eso no ocurre: Espinoza, Manuel Margot, Javier Guerra y en menor medida Asuaje eran el futuro de Boston.

Miremos atrás: el dominio de esa divisa se basó en el talento de la granja; si tienes buen sistema, resulta barato y dura muchos años.

Jon Lester, Dustin Pedroia, Kevin Youkilis, Jacoby Ellsbury, Clay Buccholz fueron producciones propias, como lo es el corazón del equipo actual: Xander Bogaerts, Travis Shaw, Jackey Bradley Jr., Pedroia, Christian Vásquez, Mookie Betts…

Ese sistema está en riesgo, con cambios como los de Pomeranz y Kimbrel. Son buenos, en lo competitivo, pero no siguen la pauta que convirtió en potencia a esta organización, ganadora tres veces de la Serie Mundial con el estilo de Epstein.

Dombrowski no gana desde 1997, se juega su prestigio y probablemente lo sabe.

Le toca probar que su estilo también puede ser exitoso en esta nueva realidad, con equipos más eficientes y gerencias que mezclan la sabiduría antigua con el nuevo conocimiento.

Publicado en El Nacional, el domingo 17 de julio de 2016.

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