jueves, 14 de abril de 2016

¿Es Jeanmar Gómez un cerrador de verdad?

El Emergente
Por Ignacio Serrano

Jeanmar Gómez amaneció ayer como el pitcher venezolano con más salvados esta temporada. Tenía más que Francisco Rodríguez. Más que Héctor Rondón.

Aquellos dos son cerradores establecidos con los Tigres y los Cachorros. Gómez no ha sido designado aún como cerrojo de los Filis y es, sin embargo, quien figura a la cabeza.

¿Estamos ante el nuevo cerrojo de Venezuela?

Ni siquiera el manager Pete Mackanin puede responder la pregunta. Ha confesado que está usando a Gómez porque busca un relevista que pueda calzar los puntos en esa responsabilidad. El caraqueño es el tercero que prueba. Hasta hora, es el único que ha tenido éxito.

El derecho no es el típico pitcher que sube al montículo en el último episodio. Ese suele ser un lanzador con un ponche por inning y un lanzamiento de primera.

Usualmente tiene una recta poderosa. O un cambio de velocidad excepcional, como pasó con Trevor Hoffman y ahora con el Kid Rodríguez. Y si no, tiene un pitcheo como la inigualable recta cortada de Mariano Rivera.

Gómez lanza rectas de 90 millas por hora, nada que sorprenda, además de un cambio y el slider. Depende de no dar boletos y poner la pelota en las esquinas. No fuerza tantos roletazos, aunque le dan más rodados que elevados. No es el típico cerrador.

Ha habido casos como él, eso sí. En 35 ocasiones ha ocurrido que un pitcher con 5,5 ponches o menos por cada nueve innings logra 30 rescates o más. Ese es su promedio de fusilados.

Un cerrador suele ser un ponchador y Gómez no lo es. Pero tampoco lo fueron Dan Quisenberry y John Tekulve, dos leyendas que triunfaron en ese rol.

Quisenberry y Tekulve eran monticulistas distintos, ciertamente, porque lanzaban bola submarina, especialmente incómoda ante los bateadores de su mano. Casi tocaban el suelo cuando iban hacia el home.

El primero consiguió cinco cosechas de 30 o más salvamentos en campañas en las que no tuvo más de un ponche por cada dos entradas, con un pico de 45 rescates. El segundo agregó dos en tales condiciones.

Pero no fueron los únicos astros que lo hicieron. Hay que incluir allí a José Mesa, con un par de ocasiones, y al gran Rivera en 1998, en su campaña más discreta en el renglón de los ponches.

No es un asunto banal, esperar muchos guillotinados de un relevista. Cuando se entra a lanzar en la línea, con estrecha ventaja, y frecuentemente con corredores en circulación, es necesario salir de paso de los contrarios sin que pongan la pelota en juego, al menos la mayor parte de las veces.

No es gratuito el hecho de que ante esos 35 casos que citábamos se contrapongan nada menos que 639 casos de serpentineros con más de 5,5 ponches por cada nueve episodios y cosechas de 30 salvamentos, de acuerdo con el motor de búsqueda de Baseball Reference.

¿Podrá afianzarse Gómez, a pesar no ser un fusilero? Le ha ido bien en el corto plazo.

Va en contra de la historia, pero le preceden buenos ejemplos. Ya veremos cómo le va.

Versión ampliada de la columna publicada en El Nacional, el  jueves 14 de abril de 2016.

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