sábado, 9 de abril de 2016

¿A dónde va Félix Hernández?

El Emergente
Por Ignacio Serrano

Félix Hernández comenzó ayer, en teoría, la segunda mitad de su carrera.

El pitcher carabobeño llegó a 30 años de nacido. Si no se lesionara, si tuviera la longevidad y durabilidad de otros grandes que le antecedieron, como Gaylord Perry, Bert Blyleven o Greg Maddux, debería seguir en la lomita alrededor de los 40.

No hay modo de predecirlo. Ya tiene 12 campañas. ¿Cuántas más sumará? Si tiene la suerte de Tom Glavine o Tom Seaver, está en el ecuador. Pero el deporte de alta competencia está lleno de desvíos, a los que el Rey se enfrenta hoy, como antes Phil Niekro o Randy Johnson.

Sam McDowell iba camino al Salón de la Fama, después de sus primeras 10 temporadas. ¿Han visto cómo su nombre aparece siempre junto al de Hernández o Walter Johnson, cada vez que Baseball Reference responde quiénes son los lanzadores con más ponches a los 27, 28, 29 o 30 años de edad?

La última gran zafra de McDowell fue la de 1970. Tiró 305 innings, tope personal. Lideró la Liga Americana con 304 abanicados, dejó 2.92 de efectividad y tuvo 3.07 de FIP, el mejor del circuito. Pero su cuerpo ya no pudo responder.

Entre 1961 y 1970 tuvo marca de 109-92, con 2.95 de efectividad y 1.967 guillotinados en 1.895 entradas. Después de aquel esfuerzo de 305 tramos, entre 1971 y 1975 tuvo récord de 32-42, con 3.89 de promedio y 486 fusilados en 597.1 actos. Una drástica merma.

Todo atleta sufre un descenso en el rendimiento físico después de cierta edad. El cuerpo humano produce hormona de crecimiento hasta los 18 o 20 años de edad. El hombre corriente produce menos testosterona a partir del trigésimo cumpleaños, aproximadamente. Es la ley de la vida, que unos tratan de postergar con más trabajo y otros con sustancias prohibidas.

Warren Spahn era como McDowell y Félix. Entre 1949 y 1952 encabezó a los máximos ponchadores de la Liga Nacional. A los 33 años de edad había ganado más de 20 juegos en seis oportunidades. Pero estaba perdiendo velocidad. En 1955 abanicó apenas a 4,0 adversarios por cada 9.0 innings.

En cosa de dos campañas, Spahn pasó de liderar la Nacional con 2.10 de efectividad a mostrar 3.26, no tan buen. ¿Qué hizo? Evolucionó. Aprendió a lanzar el screwball. Se hizo un artista de las esquinas y los envíos sin velocidad, hasta lograr su placa en Cooperstown como el zurdo con más victorias de todos los tiempos, 10 campeonatos después de aquel amenazante 1955.

La velocidad del Rey también ha caído. La recta, de acuerdo con los archivos de Fangraphs, ha pasado de 96 millas por hora, en sus inicios, a la vecindad de las 91-92. Es mucho kilometraje, eso de tener 2.200 episodios antes de los 30 años de nacido. Y ya recordamos que la edad exige un impuesto.

Johan Santana tiró su único no-hitter con rectas de 88 millas y Francisco Rodríguez sigue siendo un cerrador de élite, aunque no siempre toca las 90. ¿Qué hicieron? Como Spahn, evolucionaron. Pero a Santana finalmente le ocurrió como a McDowell y el hombro no soportó.

¿A dónde va Hernández? A los playoffs, responderá él. Es su meta incumplida. Su legión de seguidores, en cambio, pensará en Blyleven, en Maddux o John Smoltz: Cooperstown.

Para llegar al Salón de la Fama hace falta su talento. También salud, algo de suerte y mucho aprendizaje. Preparémonos para ver esta segunda mitad del Rey.

Publicado en El Nacional, el sábado 9 de abril de 2016.

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