miércoles, 6 de marzo de 2013

El Emergente: De Lou Gerigh a “Pipita” Leal

Un grande del beisbol venezolano se marchó en silencio, a los 91 años de edad

Todos tenemos alguna leyenda de nuestros tiempos infantiles. Una historia que sólo es cierta en los juguetones recovecos de la memoria.

Humberto Leal es el protagonista de una de esas fábulas de los tiempos en que vivíamos el beisbol las 16 horas del día que pasábamos despiertos, siguiendo a sus protagonistas y soñando con ser uno de ellos.

Por alguna conversación con los hermanos José y Adolfo Salgueiro, a finales de la década de los 70, nos quedó la idea de que a Leal le había ocurrido con Luis “Camaleón” García lo mismo que a Wally Pipp con el inmortal Lou Gehrig. Todo cuadraba. Incluso el hecho de que al zuliano, nacido hace 91 años, le apodaran “Pipita”.

Así pasamos las últimas décadas, recordando al marabino cada vez que alguien citaba al Caballo de Hierro de los Yanquis.

Gerigh era un joven poco conocido, la tarde en que Pipp se quedó en la banca por una afección física y perdió su trabajo. Corría 1925.

Gehrig fue alineado en la inicial, en lugar de su compañero, e inició la seguidilla más sorprendente que conoció el beisbol antes de Cal Ripken Jr. Durante 2.130 juegos en fila estuvo en la primera base de los neoyorquinos. Pipp terminó en Cincinnati, un año después.

Algo parecido ocurrió en Venezuela cuando Leal pertenecía al Magallanes. El 17 de noviembre de 1949 —y el historiador Javier González cita la fecha con asombrosa rapidez— “Pipita” se lesionó y “Camaleón”, por entonces un prospecto de los turcos, salió a defender la antesala de la nave.

Fue el comienzo de otra leyenda. García disputó cada choque de los eléctricos a partir de esa fecha, en una seguidilla de 342 encuentros que no tenía precedentes en la por entonces naciente LVBP.

Tanto brilló el toletero derecho, que su número fue retirado por los azules y ganó un lugar tanto en el Salón de la Fama del Beisbol Venezolano como en el panteón de los inmortales magallaneros.

“Pero la historia no fue así”, advirtió González, que ha hecho de la investigación de nuestra pelota su vida y su pasión. “A ‘Pipita’ lo llamaban así en Maracaibo. Su papá le puso el apodo”.

El gran “Pipita” Leal murió el fin de semana, en Caracas.

El grueso de la afición posiblemente no se haya enterado, porque los medios dedicaron muy poco espacio a la noticia y porque en estos tiempos de súper estrellas son casi desconocidas aquellas leyendas que no pasaron por las grandes ligas.

Es una lástima, porque merecen ser celebrados como los responsables de que el beisbol se haya convertido en el deporte nacional y en el primer amor de tantos de nosotros.

No fue un astro indiscutido, como el “Chico” Carrasquel o el propio “Camaleón”. De hecho, jugó relativamente poco, para el estatus que llegó a alcanzar en las crónicas de nuestra pelota. Acaso si fue regular en la campaña 1948-1949, con Magallanes, justo antes de que García insurgiera como la principal referencia histórica de la organización.

Nació el 17 de febrero de 1922 y defendió también a los Patriotas del Venezuela y los Leones del Caracas, hasta 1955. Vio acción en la primera división, en la desaparecida Liga Profesional Zuliana y en la también extinta Liga Centro Occidental.

En varios pasajes de su carrera, antes y después de la LVBP, perteneció al Gavilanes, Cervecería, Espadón, a los Sabios del Vargas. Apenas hay registros de sus números. Acaso que bateó para .219 y que su único jonrón fue, curiosamente, en su primera temporada profesional, en 1946.

Dicen que participó en el primer tripleplay realizado en la liga y por siempre estará en nuestro corazón como un recuerdo entrañable, aunque no sea cierta esa relación con Wally Pipp que forjamos en nuestra infancia.

Publicado en El Nacional, el miércoles 6 de marzo de 2013.

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